La despavimentación consiste en retirar las superficies pavimentadas con cemento, hormigón, piedra, asfalto u otros materiales. Esta actuación tiene una doble misión climática: por un lado, se ayuda a mitigar el cambio climático, generando más sumideros de carbono naturales (cuando se reemplaza por zonas verdes) y reduciendo la necesidad de aplicar nuevos materiales sintéticos para su mantenimiento, y, por otro lado, tiene un importante componente de adaptación al cambio climático.
Las zonas pavimentadas han sido útiles a las zonas urbanas en multitud de dimensiones, pero también pueden interactuar de manera negativa con la intensificación gradual de las consecuencias del cambio climático. Por un lado, la infraestructura de cemento y hormigón es impermeable y favorece las inundaciones en caso de lluvia intensa. Por otro lado, genera islas de calor urbanas, pues concentra el calor durante el día y lo libera por la noche manteniendo un nivel de temperatura urbana más alto que en los espacios verdes.
La despavimentación cumple un rol importante en la mitigación del cambio climático. Por un lado, los espacios liberados son replanteados como zonas verdes (con arbustos, árboles o huertos urbanos) que sirven como sumideros de carbono. Por otro lado, reduce la necesidad del uso de energía para enfriar los edificios durante los periodos de calor gracias a la desactivación de las islas de calor, la sombra de los árboles plantados en su lugar y la evapotranspiración de la vegetación.
Ciudades como Portland o Lovaina llevan décadas despavimentando sus vecindarios con resultados esperanzadores.
Créditos de la imagen: www.depave.org.