1.1. Cómo repartimos el presupuesto
1.2. Cómo calculamos el presupuesto restante
2. Emisiones de gases de efecto invernadero
2.1. Cómo estimamos las emisiones municipales
3. Determinación de objetivo de neutralidad climática
3.1. Cómo calculamos el año máximo para la neutralidad de carbono
3.2. Cómo calculamos la senda de reducción
4. Cómo puede un municipio reducir sus emisiones netas
5. Informe técnico completo, datos y consultas
6. Preguntas frecuentes
6.3. ¿Qué alcances tiene en cuenta la metodología ARCA?
La ciencia climática ha identificado una serie de fronteras de cambio climático asociadas al nivel de calentamiento global y sus consecuencias. Es decir, alcanzar un incremento de temperatura media global de +1.5ºC con respecto a niveles preindustriales profundizaría en la gravedad e irreversibilidad de las consecuencias socioecológicas del cambio climático: deshielo de los casquetes polares, liberación de enfermedades ocultas en el permafrost, subida del nivel del mar, pérdida masiva de biodiversidad, riesgos directos para la salud humana, riegos para la seguridad alimentaria, riegos para la disponibilidad de agua, riesgos para las infraestructuras, migración climática, etc.. Transgredir la frontera de los +2ºC augura consecuencias todavía más severas e inciertas[1].
Con un alto nivel de fiabilidad, podemos saber cuánta concentración de gases de efecto invernadero (GEI) nos llevaría a cada una de esas fronteras. Conociendo esa concentración, podemos estimar la cantidad de toneladas de GEI que, de liberarse, supondría desencadenar las peores consecuencias del cambio climático asociadas a cada frontera. Por ejemplo, partiendo de 2020, emitir 300 Gigatoneladas de CO2 equivalente (GtCO2-eq) más produciría un aumento de +1.5ºC, emitir 550 GtCO2-eq más nos llevaría a +1.7ºC y emitir 900 GtCO2-eq nos llevaría a +2ºC[2]. Esto es a lo que llamamos presupuesto de carbono: la cantidad de GEI que la humanidad puede todavía liberar antes de llegar a cada una de estas fronteras. Ese presupuesto puede ser utilizado para realizar su transición hacia una economía que se ajuste a los límites del ecosistema planetario.
¿Cómo repartimos entonces ese presupuesto? Como criterio de reparto justo, utilizamos el llamado método “per cápita” , que consiste en la distribución de un presupuesto de carbono idéntico a cada persona del planeta, sugiriendo que cada persona tiene igual derecho al uso de la atmósfera. Consideramos que este criterio puede resultar el más razonable o ampliamente aceptado.
Ahora bien, los países más industrializados, debido al intenso desarrollo de sus capacidades materiales (infraestructuras, colegios, hospitales, fábricas, etc.) durante los últimos 200 años, han generado una mayor cantidad de gases de efecto invernadero. Hoy disfrutan de mejores condiciones de vida material que el resto del planeta y para ello han emitido cantidades enormes de GEI a la atmósfera. Por ejemplo, en la actualidad, los países clasificados como de renta más baja, a pesar de concentrar casi el 10% de la población mundial, generan menos del 1% de GEI. Por su parte, aquellos de renta alta generan más del 30% de GEI del planeta a pesar de ser tan sólo el 15% de la población[3]. Según el Banco Mundial, en estos países de renta baja más de la mitad de la población no tiene acceso a electricidad[4]. Por lo tanto, hay países que tras un proceso acelerado de desarrollo de sus capacidades han consumido gran parte de su presupuesto y otros países que van a necesitar más tiempo. El reparto de presupuestos permite que aquellos que ya han alcanzado un nivel de suficiencia material no comprometan las posibilidades de desarrollo de aquellos que llevan un ritmo más pausado.
¿Cómo podemos saber cuánto de ese presupuesto han consumido ya los países? Utilizamos estudios que estiman la contribución histórica de los países a la concentración actual de GEI. En nuestros cálculos, simplemente descontamos las emisiones que se han producido durante ese tiempo. La cuestión ahora es: ¿desde cuándo comenzamos a descontar del presupuesto esos GEI ya emitidos? Proponemos cinco posibles fechas:
1850. Representa los inicios de la expansión industrial, sostenida por el uso intensivo de los combustibles fósiles. Contar desde esta fecha permite recoger por completo la contribución diferenciada al problema del cambio climático.
1990. Representa el inicio de la problematización internacional del cambio climático. En 1990 se completaba el primer informe de evaluación del IPCC, que concluía que el clima, a causa de las emisiones de GEI, ya había comenzado a cambiar. En 1992, se alcanzaba la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC, o UNFCCC por sus siglas en inglés).
2000. Se acababa de acordar el Protocolo de Kyoto (1997), que entraría en vigor en 2005. Este acuerdo vinculante comprometía a los mayores emisores a dedicar esfuerzos a la limitación de emisiones y ponía en práctica el principio de “responsabilidad común pero diferenciada”.
2015. Se produce el Acuerdo de París, que establece como objetivo limitar el calentamiento medio global a “muy por debajo de 2ºC con respecto a los niveles preindustriales, y de seguir esforzándose por limitar el aumento de la temperatura a 1,5ºC”. Establece un sistema de Contribuciones Nacionalmente Determinadas, en el que cada país sugiere autónomamente sus esfuerzos de reducción.
2025. Escoger este año representa hacer tabula rasa. Comenzar desde la actualidad es ignorar que ha habido una contribución diferenciada al problema del cambio climático y que explica la diferencia en condiciones de vida entre territorios.
A estas fechas las llamamos año base y los cálculos siempre toman como referencia uno de ellos.
La Figura 2 representa el proceso de operaciones para obtener el presupuesto municipal a partir del presupuesto global.
| Figura 2. Proceso de determinación del presupuesto municipal |
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Primero, calculamos el presupuesto global que quedaría de acuerdo al objetivo climático (+1,5ºC, +1,7ºC y +2ºC) en cada uno de los años base (1850, 1990, 2000, 2015 y 2025) y obtenemos la Tabla 1.
Tabla 1. Presupuesto climático global según año base y límite de temperatura (probabilidad 83%)
| Año base | Límite de temperatura | ||
| 1.5ºC | 1.7ºC | 2ºC | |
| 1850 | 2690 | 2940 | 3290 |
| 1990 | 1559 | 1809 | 2159 |
| 2000 | 1214 | 1464 | 1814 |
| 2015 | 557 | 807 | 1157 |
| 2025 | 32 | 282 | 632 |
Por ejemplo, si estuviéramos en el año 1850, nos quedarían 2690 GtCO2-eq de presupuesto de carbono que podríamos usar antes de alcanzar el límite de +1.5ºC. En ese año base se calcula el presupuesto restante y se establece el reparto a las naciones.
Siguiendo el método distributivo “per cápita”, este reparto a los países se hace en base al número de personas que hubo y se estima que habrá en cada país a lo largo de los años desde el año base hasta 2050 (que es el objetivo global para la neutralidad y hasta donde llegan nuestros cálculos). La Tabla 2 muestra el presupuesto asignado a España en el año base para cada combinación.
Tabla 2. Presupuesto climático de España según año base y límite de temperatura (probabilidad 83%)
| Año base | Límite de temperatura | ||
| 1.5ºC | 1.7ºC | 2ºC | |
| 1850 | 5358 | 5855 | 6553 |
| 1990 | 9072 | 10527 | 12564 |
| 2000 | 6875 | 8290 | 10271 |
| 2015 | 2981 | 4320 | 6195 |
| 2025 | 166 | 1447 | 3242 |
De este presupuesto de carbono en el año base, procedemos a detraer las emisiones ya consumidas por España desde ese año base, de forma que obtenemos el presupuesto restante o disponible en el año de cálculo. Esta cantidad será de nuevo repartida entre los municipios, pero esta vez mediante el método de ajuste simultáneo, que implica que todos los municipios de España asumen un año objetivo común para alcanzar la neutralidad (coincidiendo también con el año obtenido para el país). Según este método, todos los municipios alcanzarían la neutralidad a la vez mediante una senda lineal de reducción de emisiones. Sin embargo, dado que cada municipio parte de un nivel de emisiones distinto, las velocidades de reducción serán diferentes.
Las emisiones de GEI que utilizamos están basadas en el enfoque del consumo. Es decir, lo que nos importa no es cuántos GEI se han liberado dentro del territorio, sino cuántos se han liberado por el patrón de consumo de las personas del territorio sin importar en dónde se liberan. Por ejemplo, un automóvil de combustión interna usado en España libera GEI durante su etapa de consumo al quemar el carburante. Estas emisiones se consideran parte del patrón de consumo. Sin embargo, el automóvil también generó GEI en otras etapas de su ciclo de vida. En su proceso de producción pudo precisar de actividades de minería en África y de ensamblaje en Asia, y también puede que requiera ser desmantelado al final de su vida útil en algún otro país. Los GEI emitidos durante estos procesos de producción y desmantelamiento también son tenidos en cuenta en el cálculo de emisiones por el lado del consumo. Esto evita que los procesos de deslocalización productiva nos den una falsa noción de que las emisiones asociadas a nuestro estilo de vida están disminuyendo.
Cuando descontamos al presupuesto las emisiones estimadas para España[5] desde cada año base, obtenemos la Tabla 3. Esta tabla nos muestra el llamado presupuesto restante. Es decir, nos cuenta cuánto presupuesto quedaría en 2025 para cada una de las 15 combinaciones. Que las cantidades se vuelvan negativas quiere decir que las emisiones acumuladas han superado el presupuesto restante y, por tanto, que España ha entrado en lo que se conoce como deuda climática.
Tabla 3. Presupuesto de carbono disponible de España en 2025
| Año base | Límite de temperatura | ||
| 1.5ºC | 1.7ºC | 2ºC | |
| 1850 | -22137 | -21639 | -20942 |
| 1990 | -5984 | -4529 | -2492 |
| 2000 | -4680 | -3265 | -1283 |
| 2015 | -1107 | 232 | 2106 |
| 2025 | 166 | 1447 | 3242 |
Como se puede observar, España ya ha agotado su presupuesto de carbono en 10 de las 15 combinaciones. Para evitar acumular más deuda climática, debe acelerar sus esfuerzos hacia la neutralidad.
Para calcular las emisiones de GEI a nivel municipal recurrimos a los patrones de consumo en España por tamaño municipal y comunidad autónoma que provee el Instituto Nacional de Estadística (INE). A partir de ambas dimensiones estimamos la estructura de consumo de cada municipio. Usando esta estimación del gasto por habitante en cada tipo de producto y el impacto climático medio generado por cada euro gastado en cada tipo de producto (que obtenemos de EXIOBASE), reconstruimos de manera aproximada las emisiones anuales actuales del municipio.
Los objetivos climáticos pueden expresarse de diversas formas. Nuestra estimación ARCA (Aproximación de Responsabilidad Climática Apropiada) se expresa como una senda de reducción de GEI hacia la neutralidad climática. La neutralidad climática es la situación en la que las emisiones netas de GEI alcanzan el valor cero, siendo las emisiones netas el resultado de aplicar la siguiente expresión: emisiones netas = emisiones brutas de GEI - absorciones de GEI. Esta senda provee un año límite para la neutralidad de carbono y unos valores de emisiones anuales que descienden linealmente hasta alcanzarla.
Por simplicidad, asumimos que vamos a realizar una reducción anual lineal hacia la neutralidad[6]. Pero ¿cómo calculamos el año de la neutralidad? Si representamos la senda en un gráfico donde el eje vertical corresponde a las emisiones anuales y el eje horizontal corresponde al año, obtenemos como resultado una figura triangular (ver ejemplo en Figura 2). Conociendo el área del triángulo (presupuesto de carbono) y la altura del triángulo (emisiones iniciales), ya sólo nos queda despejar el año en el que las emisiones alcanzan cero (la base) de la fórmula del área del triángulo.
| Figura 2. Ejemplo de reducción lineal de emisiones de GEI para alcanzar el cero neto antes de agotar el presupuesto
(Emisiones netas expresadas en CO2-equivalente) |
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Para facilitar la comprensión, hemos transformado esta senda continua a una serie discreta que toma como unidad de referencia temporal el año (ver siguientes figuras). Así podemos obtener un gráfico que se ajusta mejor a la noción temporal que se maneja en la operativa municipal.
Para calcular la senda de reducción hacia la neutralidad hemos de encontrar la cantidad que debemos detraer cada año para que las emisiones sean cero en el año límite. La senda resultante es la que nos permite llegar a la neutralidad sin incurrir en deuda climática. La Figura 3 muestra un ejemplo para un municipio concreto.
| Figura 3. Estrategia 1: Senda de reducción hacia la neutralidad cumpliendo el presupuesto de carbono
(Emisiones netas expresadas en CO2-equivalente) |
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Nota: La altura de las columnas representa la cantidad de emisiones de la población del municipio en ese año por el lado del consumo (huella climática), abarcando los alcances 1, 2 y 3. El código de colores expresa si esas emisiones entran en el presupuesto de carbono (en verde) o, ya una vez agotado, generan deuda climática (en rojo). El último año en que aparece el color verde es cuando se agota el presupuesto de carbono y comienza a generarse deuda climática. Los cálculos se realizan para un límite de temperatura de +1,7ºC y con 2025 como año base.
Además de este gráfico principal, que representa la senda de reducción que evita incurrir en deuda climática, hemos contemplado dos alternativas:
| Figura 4. Estrategia 2: Business as usual
(Emisiones netas expresadas en CO2-equivalente) |
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En el primero de estos escenarios (representado en la Figura 4), la senda no es de reducción, sino constante, y el presupuesto se agota en unos pocos años (el área verde). En el segundo de estos escenarios (representado en la Figura 5), la jurisdicción sí se propone alcanzar la neutralidad y proyecta una reducción de emisiones, pero esta se extiende más allá de lo que le permite un presupuesto atribuido según los criterios de justicia que hemos aplicado. De hecho, en un reciente artículo científico, mostramos que el actual objetivo de la Unión Europea de alcanzar la neutralidad climática en 2050 rebasaría cualquier presupuesto de carbono repartido según criterios distributivos basados en la igualdad (puede consultar nuestro artículo de divulgación para The Conversation). En ambos casos, el presupuesto se agota en algún momento y se termina incurriendo en deuda climática.
| Figura 5. Estrategia 3: Alcanzar la neutralidad en 2050 (objetivo oficial de España y UE)
(Emisiones netas expresadas en CO2-equivalente) |
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Las emisiones netas (antropogénicas) se calculan de la siguiente manera:
Emisiones netas = Emisiones brutas de GEI – Absorciones de GEI
Para reducir las emisiones netas hay dos opciones: a) reducir las emisiones brutas antropogénicas de GEI o b) aumentar las absorciones antropogénicas. Las emisiones brutas de GEI se refiere a cualquier liberación de gases de efecto invernadero (CO2, CH4, N2O, etc.) a la atmósfera durante el proceso de producción, uso o desmantelamiento de los bienes/servicios que consume la población. Ejemplos de reducción de emisiones pueden ser las reducciones ocurridas a causa del ahorro energético, de la desfosilización de la producción eléctrica o de la sustitución del consumo de productos hortícolas lejanos por productos agroecológicos de proximidad. En nuestra sección “Qué puede hacer un municipio” podrá encontrar cientos de acciones potenciales de mitigación y casos reales que pretenden orientar e inspirar nuevos proyectos locales.
Las absorciones antropogénicas se refieren al secuestro relativamente permanente de GEI de la atmósfera mediante actividades realizadas por o para la población del territorio. Hay varias formas de clasificar las formas de absorción: directas o indirectas, tecnológicas o biológicas, realizadas o compradas. Actualmente, la contabilización de absorciones indirectas (imputadas a los productos consumidos) y compradas (adquiridas en el mercado de créditos de carbono) son difíciles de fiscalizar y en su mayoría no representan una mitigación real del cambio climático (Probst et al., 2024). Por otro lado, las soluciones tecnológicas (captura directa en el aire, inyección de CO2 en el subsuelo, mineralización) son prácticamente inexistentes, inaccesibles o peligrosas a día de hoy. Por eso, vamos a centrarnos en las absorciones directas, biológicas y realizadas por la población del territorio. Estas actuaciones consisten en proyectos deliberados para la mitigación climática que suponen una mejora de la absorción y son titularidad de la población del municipio (por ejemplo, del ayuntamiento o de una comunidad local). Un buen ejemplo son los proyectos que aumentan la superficie boscosa del municipio, como los que regula el registro de proyectos de absorción del MITECO (puede consultar esta breve e ilustrativa guía elaborada por Red Española de Ciudades por el Clima). Si quiere saber más sobre proyectos de absorción (sean o no certificados por un tercer actor), le recomendamos esta otra guía, también publicada por la Red Española de Ciudades por el Clima, sobre sumideros de carbono a nivel local.
Puede descargar el informe técnico completo y los datos que manejamos pulsando en los iconos de la siguiente tabla. Escoja el paquete de datos que más se ajuste a su preferencia.
Si tiene alguna duda sobre la metodología, háganos su consulta en info@arcalocal.es.
En este apartado incluimos respuestas a preguntas frecuentes que vamos recibiendo.
Nuestra metodología toma como fundamento los informes del IPCC, cuyos cálculos y concepto de neutralidad de carbono se centran en las emisiones y absorciones antropogénicas ("Net zero CO2 emissions describes a situation in which all the anthropogenic emissions of CO2 are counterbalanced by deliberate anthropogenic removals so that on average no CO2 is added or removed from the atmosphere by human activities"[8]). El presupuesto de carbono viene expresado en emisiones brutas antropogénicas y no permite descontar absorciones por los sumideros no antropogénicos.
Por tanto, según estas reglas de contabilidad, no podrían descontarse las hectáreas de zona boscosa “natural” de las emisiones netas. Sin embargo, esto no quiere decir que las estrategias de mitigación de cambio climático excluyan la mejora de los sumideros biológicos de carbono y las tecnologías de eliminación de carbono. Las mejoras antropogénicas en la absorción de carbono en el territorio sí pueden ser utilizadas para reducir las emisiones netas. Un sumidero antropogénico sería una acción deliberada para secuestrar CO2 con carácter permanente. Un buen ejemplo serían los proyectos de absorción tal y como los conceptualiza el Registro de huella, compensación y proyectos de absorción de CO2 del MITECO.
ARCA es una metodología para determinar la responsabilidad climática apropiada dentro de una responsabilidad climática compartida, que es (según declara el Acuerdo de París) no atravesar la barrera de los +2ºC y manteniéndonos lo más cerca posible de +1,5ºC. Una de las propiedades positivas de esta metodología es que garantiza que el objetivo se alcanza si todas las partes cumplen con su asignación. Pero distribuir las responsabilidades no es una tarea exenta de problemas. Partiendo de la metodología que usa el IPCC para determinar el presupuesto de carbono a nivel global, ARCA realiza una distribución de acuerdo a lo que consideramos que son nociones comunes de justicia: es decir, que todos los seres humanos somos iguales ante el recurso común que es la atmósfera y el sistema climático global. Por tanto, asumimos un igual derecho a utilizar ese presupuesto de carbono para cubrir nuestras necesidades y desarrollar nuestras capacidades económicas. Por eso, dividimos ese presupuesto entre los países en función de su población. Así, cada país tiene la responsabilidad asignada de mantenerse dentro de su presupuesto de carbono. En cualquier caso, eso no significa que no se puedan realizar cooperaciones y transacciones entre jurisdicciones.
Sin embargo, el compromiso de la UE de alcanzar la neutralidad climática en el año 2050 no parece estar basado en un método claro de justicia ambiental o al menos no se revela. En este trabajo que publicamos en la revista científica Mitigation and Adaptation Strategies for Global Change[8] (y más resumido para The Conversation en ingés y en castellano) el objetivo de 2050 de la UE (y de España) se queda muy corto para honrar su compromiso con el Acuerdo de París, si usamos la distribución per cápita que usa ARCA.
El Greenhouse Gas Protocol para la contabilidad de gases de efecto invernadero, elaborado por el World Resources Institute (WRI) y el World Business Council for Sustainable Development (WBCSD), clasifica las emisiones de las actividades humanas en función de su “alcance” y distingue tres (1, 2 y 3). Este protocolo está diseñado para la metodología de inventariar emisiones territorial o basada en la producción, pero aplicando sus lógicas al enfoque del consumo estos alcances se podrían definir así:
Alcance 1 . Se corresponde con las emisiones de GEI desde fuentes localizadas dentro del territorio que ocurren como consecuencia del consumo de la población (por ejemplo, emisiones liberadas por la combustión de hidrocarburos en el uso del vehículo privado).
Alcance 2. Representa las emisiones liberadas por la electricidad consumida en el territorio con independencia de dónde se produzcan.
Alcance 3. son las emisiones producidas por el ciclo de vida de los productos consumidos en el territorio y producidos fuera de sus fronteras (por ejemplo, emisiones de las actividades mineras, de fabricación y de transporte que fueron necesarias para fabricar el coche antes de ser comprado por la empresa).
La metodología ARCA tiene en cuenta los alcances 1, 2 y 3.
Es cierto que normalmente las gráficas que se usan para proyectar la senda de reducción hacia la neutralidad siguen una función sigmoide (en forma de S). Muestran un proceso de reducción que comienza lentamente, se va acelerando gradualmente hasta el punto de inflexión central y luego va decelerando hasta llegar suavemente a la neutralidad. Esta función sigmoide pretende representar que al principio cuesta arrancar (porque falta financiación, cuesta alcanzar un nivel de masa crítica, etc.), luego se acelera, pero tras el punto de inflexión va costando cada vez más encontrar oportunidades de mitigación (aumentar la eficiencia energética, sustituir prácticas y productos, etc.).
Nuestra gráfica, sin embargo, no es continua sino discreta con base anual y establece una cantidad constante de emisiones que se irán reduciendo cada año. Es un intento de simplificar las gráficas, las fórmulas y los cálculos y asemejarlas más al tipo de información contable que manejan en las corporaciones locales.
Nuestra gráfica de reducción (evitando agotar el presupuesto) es en realidad equivalente a la convencional en cuanto al año para alcanzar la neutralidad, simplemente distribuyen las emisiones de manera distinta a lo largo del tiempo. Si imaginamos que la función sigmoide es simétrica y el punto de inflexión está en el centro (y así es como normalmente se representa), entonces la diferencia de emisiones acumuladas que existe entre ambas gráficas antes del punto central se compensa con la diferencia tras el punto central.
[1] Para conocer algunas de las consecuencias diferenciales entre alcanzar +1,5ºC y alcanzar los +2ºC, puede consultar esta infografía que elaboró WWF: https://adaptecca.es/riesgos-climaticos-15oc-vs-2oc-temperatura-global . Si desea un documento más técnico puede acudir al informe del IPCC en el que se basa (https://www.ipcc.ch/sr15/) o la guía resumida que elaboró la Oficina Española de Cambio Climático (OECC) junto a la Agencia Española de Meteorología (AEMET) (https://www.miteco.gob.es/content/dam/miteco/es/cambio-climatico/temas/el-proceso-internacional-de-lucha-contra-el-cambio-climatico/ipcc_informe_especial_15pdf_tcm30-485656.pdf)
[2] Datos de IPCC (2022) para una confianza del 83%.
[3] Fuente: https://ourworldindata.org/inequality-co2
[4] Fuente: https://data.worldbank.org/indicator/EG.ELC.ACCS.ZS
[5] Para calcular cuántas emisiones de GEI han generado nuestros patrones de consumo a lo largo de la historia utilizamos la base de datos EXIOBASE y la metodología EEIOA (Environmentally Extended Input-Output Analysis), además de trabajos importantes de otros investigadores. Si quieres saber más, puedes consultar el informe técnico extendido que detalla toda la metodología.
[6] Lo convencional es representar la senda de reducción con una forma S invertida (sigmoide). Pero esa forma funcional complicaría innecesariamente la explicación y el entendimiento al tener que incluir cálculo diferencial, cuando podemos resolverlo con fórmulas geométricas que todo el mundo conoce. Además, el año resultante para la neutralidad sería el mismo si el punto de inflexión de la función sigmoide está en el centro.
[7] Benedict S. Probst, Malte Toetzke, Andreas Kontoleon, Laura Díaz Anadón, Jan C. Minx, Barbara K. Haya, Lambert Schneider, Philipp A. Trotter, Thales A. P. West, Annelise Gill-Wiehl y Volker H. Hoffmann (2024): "Systematic assessment of the achieved emission reductions of carbon crediting projects", Nature Communications, 15: 9562.
[8] Fuente: IPCC. (2021). Climate Change 2021: The Physical Science Basis. Summary for Policymakers. En V. Masson-Delmotte, P. Zhai, A. Pirani, S. L. Connors, C. Péan, S. Berger, N. Caud, Y. Chen, L. Goldfarb, M. I. Gomis, M. Huang, K. Leitzell, E. Lonnoy, J. B. R. Matthews, T. K. Maycock, T. Waterfield, O. Yelekçi, R. Yu, & B. Zhou (Eds.), Climate Change 2021: The Physical Science Basis. Cambridge University Press.
[9] Brais Suárez-Eiroa, David Soto-Oñate y María Loureiro (2024): "The responsibility of the EU in climate change mitigation: assessing the fairness of its recent targets", Mititgation and Adaptation Strategies for Global Change, 29: 93.