Reconvertir zonas verdes degradadas en bosques de alimentos permite incrementar la captación de gases de efecto invernadero, especialmente gracias al uso de leñosas que permiten almacenar carbono a lo largo de su vida. Por lo tanto, este modelo de gestión del territorio para evitar el aumento de emisiones por cambio del uso del suelo y capturar carbono ha sido priorizado por ayuntamientos como Nashville (Estados Unidos) o Atlanta (Estados Unidos).