El tipo de dieta afecta de manera determinante a la cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) generadas por nuestro consumo diario.
En este sentido, el sexto informe del IPCC (2022) destaca que adoptar dietas basadas principalmente en la alimentos de origen vegetal es una de las estrategias más efectivas para reducir las emisiones de GEI. Por su parte, la Organización Mundial de la Salud de las Naciones Unidas (2021) aboga por dietas con un mayor contenido de productos vegetales por sus beneficios en la salud humana y en su potencial para reducir el cambio climático. Gran parte de los impactos climáticos de la alimentación de origen animal se debe al metano emitido por el ganado.
Los municipios pueden promover dietas más basadas en la alimentación vegetal a través de un abanico de acciones. Por ejemplo, incluyendo opciones vegetarianas o veganas en los comedores escolares o realizando campañas por la reducción del consumo de alimentos de origen animal.
Además de luchar contra el cambio climático, estas medidas contribuyen a fomentar estilos de vida con menor riesgo de enfermedades cardiovasculares (Dinu et al., 2017) o diabetes (Kaiser et al., 2021).
Referencias